No es duplicativo de una emoción, la repetición que enfatiza a lo aludido. Son dos “Por fin” . El uno, porque ¡por fin! , encuentro escrito, abierto a la mirada de todos -por oposición a la charla de café- un artículo sobre la irracionalidad de las vacaciones de Semana Santa…después de la Semana Santa. ¿Qué argumentación puede presentarse, seria y fundada, para admitir esto en un calendario laboral? ¿Qué motivos puede haber para aplicar una norma así? ¿Nadie balbució al solicitarlo? ¿A nadie le tembló la pluma al firmar?
En cualquier caso, en un lugar como León (o Zamora, o Salamanca, o Valladolid o tantos otros) en donde la tradición semanasantera es inmensa, no parece una medida muy acertada. Los críos en procesión y, al día siguiente, a clase, incluso con exámenes y entrega de notas. Vacaciones para disfrutar la Semana Santa, cuando ya no es Semana Santa. Vamos, como ir a una cena de gala, con el mandil de regar las lechugas.
Cuantas veces he comentado esto, con trabajadores de otros gremios, no logran entenderlo. Algunos, aportan ideas que más vale ni mencionarlas. Lo malo es cuando alguien, ahora sí del gremio, te dice que “porque sino tendría las mismas vacaciones que los demás” o “para poder tomar reservas en temporada baja” (sic). Razonamiento, espero, que excepcional. Pero mejor sin comentarios.
El otro ¡por fin!, es porque, ¡por fin!, comienzo este blog. Después de quince días buscando en dónde alojar, qué carátula elegir, cómo disponer los widgets, incluso subir, o no, foto, estreno blog. Bien es cierto que tuve que añadir una nueva categoría, esta, que llamo La Pecera. Con ello, rindo un pequeño homenaje a una serie de artículos que escribí hace algunos años. El título hace alusión a poder ver sin ser visto, encerrado en una pecera. Pecera en la que curiosamente te encuentras a la vista de todos, expuesto a sus miradas y ataques.
No era este el estreno que hubiera deseado para mi blog pero…¡por fin!
Que sean felices.
